ViewsOfArt.com Mónica Núñez Luis


Transformación y efervescencia de lo colectivo. Dinámica actual del quehacer artístico en Venezuela

Venezuela cuenta con importantes antecedentes históricos de lo que hoy se entiende como colectivos artísticos: Sardio (1956-1961), Círculo del pez dorado (1960-1966), El techo de la ballena (1961-1968), Tabla redonda (1961-1966), En Haa (1962-1867), 40 Grados bajo la sombra (1962) o Trópico Uno (1964-1965) son algunos de los más destacados. En el marco de la creación colectiva de América Latina, incuestionablemente heterogénea, profunda e interdisciplinar, la actualidad del caso venezolano merece especial atención. Su producción colectiva, al igual que en los demás países latinoamericanos, está definida por la inexorable determinación del panorama político y la impronta continental de la corrupción, lo absurdo y el carácter local. Sin embargo, la transformación motivada por las ideas del llamado Socialismo del Siglo XXI están teniendo un eco que supera lo imaginado, ya que las acciones culturales deben seguir las ideas expresadas por las Políticas de Estado para alcanzar su legitimación al orientarse, como se indica textualmente en ellas: al fortalecimiento de la participación social en los espacios públicos en beneficio de la conversión de las comunidades organizadas en nuevos sujetos de descentralización.

Desde el ascenso de Hugo Chávez al poder en el año 1999, la política cultural ha dado una apertura sin igual al uso social y artístico de los espacios públicos y museísticos. Se estimula el trabajo conjunto entre áreas tan independientes como la de comisariado y educación en los museos -en búsqueda de la anulación de la figura del comisario y como vía de afianzamiento del concepto colectivo-; se plantea una receptividad muy amplia hacia proyectos externos a las instituciones que provengan de grupos de artistas, gestores culturales o comunidades, y lo artístico, en general, se concibe como un fenómeno necesariamente ligado a lo social(1).  El apoyo sin precedentes a la autoría colectiva tiene como una de las referencias más importantes la “La Mega Exposición”, muestra realizada en la Galería de Arte Nacional de Caracas en el año 2003, donde se declara el interés por reunir en un museo cualquier tipo de creación plástica pero sin un criterio que articule la diversidad de sus naturalezas formales. Incluso este apoyo desmedido a lo colectivo ha llevado a que, pocos meses atrás, instancias gubernamentales declararan que a partir de entonces no se realizarán en museos nacionales exposiciones individuales de artistas.

La implicación de un gesto como el comentado la dejo a la interpretación libre de los lectores, ya que valdría la pena reflexionar hasta dónde puede llegar la aplicación del Socialismo y el afán de colectivización; sin desmerecer las consecuencias positivas que tiene respaldar la creación colectiva y el fomento del uso de espacios de participación pública. Iniciativas de este tipo, entre otras, chocan con la naturaleza de cierto arte emergente, puesto que si una propuesta artística no responde en algún grado a la anulación de la autoría personal, la expresión de intereses del Estado o la exaltación de los valores nacionales se enfrenta hoy a su exclusión del circuito institucional, más allá de su valía plástica y conceptual. En este marco, que expresa hasta dónde ha llegado la polarización política que vive Venezuela entre lo oficial y  lo no oficial, creadores jóvenes, muchos con trayectoria, y que buscan acercarse en la mayoría de los casos a la actualidad más internacional, tienen vetada tácitamente su presencia en el ámbito institucional. Sin embargo, estos mismos artistas, junto a otros creadores ligados al entorno oficial, están generando una vibrante y considerable actividad artística y cultural en el país que merece estudio.

A pesar de lo indicado, la proliferación de colectivos estables y temporales de artistas, comisarios y comunidades culturales es la más intensa de toda la historia del arte en Venezuela. Frente a una producción creativa que no es completamente libre, por la coacción institucional, también han abierto sus puertas interesantes espacios expositivos y de reflexión, contrarios al orden institucional, que apuestan por el arte emergente. Estos espacios, al igual que los públicos, los de los museos y las galerías, están contando con una considerable afluencia de público gracias, en buena medida, al trabajo de los colectivos. Los grupos de orden inestable y que se crean para uno o varios proyectos puntuales, merecen especial atención por el nivel de su crecimiento. Dentro de ellos destaca una forma de colectivización continental generada a través de las prestaciones de la web 2.0. Artistas venezolanos y de otros países preparan proyectos y reflexionan, con los recursos que ofrece esta plataforma, sobre ideas que luego experimentan y presentan fuera de Venezuela. Queda claro que el trabajo colectivo se ha transformado a partir del debilitamiento de la importancia del compromiso conceptual, como el que implicaban los tiempos de manifiestos y proclamas de otras épocas, en beneficio de alianzas temporales generadas a partir de vínculos estéticos y necesidades de intercambio de experiencias.

La prolijidad del trabajo colectivo en Venezuela, en el que también destaca el aumento del trabajo de dúos, redunda actualmente en una intensidad y variedad de la que es imposible dar cuenta aquí. Sin embargo, a continuación se ofrece un brevísimo acercamiento a algunos grupos de las ciudades más activas: Caracas, Maracaibo y Mérida. Entre las expresiones que más abordan los colectivos se observan la performance y el happening(2), las cuales ganan terreno a otras desarrolladas también en buena medida: arte sonoro, pintura, gráfika y pintura mural; aunque estos colectivos  mantienen ideas tradicionales sobre el proceder de las expresiones mencionadas es necesario decir que tres aspectos básicos, como son las formas de producción, distribución y consumo, se han visto transformadas de manera definitiva en este contexto.

El Grupo Provisional, conformado por artistas plásticos e investigadores, trabaja desde 1997 por una concepción ampliada de la cultura y el arte a partir de diversas estrategias activistas realizadas más que todo en espacios públicos. Este grupo, que posee la trayectoria más amplia entre todos, se distingue del resto puesto que, además de intervenciones y experiencias artísticas, producen discusiones y textos sobre sus asuntos creativos de  interés. Entre 2005 y 2007, La Corporación LALLAVEESTAABAJOSEÑORACRISTINA realiza acciones performativas para investigar sobre lo que ellos llaman poesía somatizada, es decir, poesía expresada desde el cuerpo mismo. Por su parte Sutra Corporal, es un grupo estudiantes de arte que ha logrado una destacable visibilidad y que, desde 2005, reflexiona en torno a las posibilidades del uso del cuerpo en relación con la idea y la forma, para lograr el máximo acercamiento emocional hacia el público desde el happening. El colectivo desaparecido hace pocos años, Roccocuchi, concibe el objeto como objeto de veneración y hace del soporte contenedor y contenido. Este grupo toma  como base la imaginería popular que trabaja sobre pinturas, esculturas, vídeos, performances y happenings  para desarrollar proyectos con un marcado carácter accionista. Además de los grupos mencionados, otros de considerable relevancia en este tipo de trabajos son: La Sociedad del Falo Perturbador y Danzaté.

Entre los colectivos más cercanos a la pintura, la instalación y las intervenciones se encuentran tres de la ciudad de Maracaibo. Perro Muerto, que reúne desde 2004 a artistas plásticos con intereses muy variados, realiza intervenciones espaciales reflexionando sobre la cultura urbana, el hombre contemporáneo y cuestiones propiamente plásticas. La Tintota, que en 1998 se inicia con artistas plásticos, ha ido incorporando arquitectos, diseñadores industriales, de moda e incluso abogados, quienes desarrollan trabajos conjuntos a partir de los vínculos entre sus experimentaciones con pintura, grabado o instalación. En la actualidad, La Tintota también opera en Brasil, las Antillas Holandesas, Inglaterra y Estados Unidos. Mientras que ENE Incidentes, que se definían como un colectivo con un cúmulo exponencial de expresiones, acciones indeterminadas y heterogéneas que quiere desafiar y cuestionar el conservadurismo institucional, se inició con una vida preestablecida de 10 años y, en los nueve que lleva trabajando, ha agrupado de manera irregular a artistas que una vez por año realizan obras que versan sobre un tema concreto relativo a la experiencia diaria y la naturaleza del mundo actual.

Otros colectivos de interés son los de arte sonoro, que suelen estar conformados por artistas plásticos, músicos y Dj’s. Perroroboto, activo entre 1999 y 2002, se declara como un grupo de no-músicos que investiga el uso de sonidos desarticulados generados en acciones, siendo éstas las que producen la experiencia audiovisual, específicamente, entre el paisaje y la imagen acústica. Mientras que Ojo Mutante Sonoro estudia desde el 2006 la relación del sonido, el individuo y el ambiente con una mirada artística de sentido divulgativo y pedagógico.

Una de las tendencias con mayor auge en la actualidad es la gráfika. Este término local hace referencia a un tipo de diseño gráfico legitimado institucionalmente como forma de arte, que busca exaltar la naturaleza del país, sus colores, temas de interés y asuntos políticos. Para muchos, su fundador es MASA, colectivo que durante 10 años ha trabajado en torno a la imaginería y conceptos de la cultura urbana y la folclórica, como factores moldeadores de una identidad. En el 2006 este colectivo se reconvierte en LaMarca, y ahora explora la cultura pop latinoamericana, en general, y la venezolana, en particular. La fórmula más extendida de colectivos de gráfika es la que cuenta con un trabajo comercial desde estudios creativos. Estos grupos suelen tener en la mayoría de los casos un crew de DJs, VJs y graffiteros que enfatizan lo visual, lo performático y lo sonoro, destacándose: Control-X, Keloide, Modovisual, R-Evolucion IV y Simpl3. Y entre los grupos de gráfika no asociados a un estudio creativo uno de los más importantes es El23.net, colectivo muy amplio de comunicación visual y social que posee una agrupación interna de esta expresión local, a medio camino entre el arte y el diseño gráfico.

Sin duda, la creación colectiva en Venezuela se encuentra en una efervescencia única ante la que es imposible vislumbrar cuáles serán sus derroteros. Pero por lo pronto, su caso pone en evidencia la necesidad y el estimulante valor que posee la creación colectiva del arte, desde sus tradicionales y nuevas formas de proceder.

(1) En este sentido, la idea comentada se corresponde con lo propuesto por Nicolas Borriaud: …“las obras ya no tienen como meta formar realidades imaginarias o utópicas, sino constituir modos de existencia o modelos de acción dentro de lo real ya existente”. En: BORRIAUD, Nicolas. Estética relacional. 1ra edición. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2006, pp. 12.

(2) Todos estos grupos se orientan, de alguna manera, a reflexionar en sus trabajos sobre el sentido de las siguientes palabras de Michel Maffesoli: “Desde el marco de lo cotidiano hasta la publicidad del diseño electrodoméstico, todo pretende convertirse en una obra de creación, todo puede comprenderse como la expresión de una experiencia estética primaria. De ahí que el arte no pueda reducirse meramente a la producción artística (me refiero a la de los artistas) sino que se convierte en un hecho existencial. ¿Acaso la expresión ‘hacer de la vida una obra de arte’, no se ha vuelto una exhortación?. En: MAFFESOLI, Michel. En el crisol de las apariencias. Para una ética de la estética. 1ra Edición. México: 2007, pp. 11-12.


Publicado en:

ARTECONTEXTO. Arte, cultura, nuevos medios. Madrid, Nº 18 / 2008 / 2,  pp. 50-57.


















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Etiquetas: graffiti, arte latinoamericano, arte político, arte venezolano, videoarte

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